¡Hola! Después del fantástico cenaCULO que se preparó el viernes, aquí va mi contestación al reto que me mandó Diego. Yo te propongo que escribas sobre la boda bajo la cascada. Ciao! Cristen
A las cinco, la enfermera salía del control con una bandeja llena de vasitos de plástico que iba repartiendo con la dosis de píldoras convenida para casa anciano. Casi al mismo tiempo, puntual según la hora reglamentada de visitas, el timbre resonaba por toda la residencia y algún familiar gesticulaba desde la fría calle intentando llamar la atención de la monja medio sorda que atendía la entrada. Ese día había más gente que de costumbre. La hija de la señora Antonia y los dos nietos del señor Pablo, que salían a esa hora del colegio, eran ya habituales, pero un hombre de mediana edad visitaba por primera vez la residencia. Su voz sonó segura: - Vengo a ver a Adela Zorra. La monja, sin preocuparse por oir quién era el objeto de su visita, se limitó a decir: - Sólo se admiten visitas de familiares. - Soy su hijo. El novel visitante fue conducido a una gran sala común donde la monja lo dejó para volver a su puesto de la entrada. La señora Adela, catedrática jubilada de Farmacología, estaba de espaldas y cantaba en alto. Alguien la había colocado en su silla de ruedas cerca de la ventana, y probablemente estaría mirando la lluvia mientras se calentaba con su infusión humeante en un vaso de cristal. - "Carbón de leña, carbón de encina..." - He acabado la carrera. - la voz sonó a sentencia. La canción se ahogó y se precipitó al vacío envuelta en infusión y trozos de cristal. La señora Adela, se incorporó de un salto en el colchón de su cama. Dudó por un momento si llamar a la enfermera. Esos sueños no eran buenos para su corazón...
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A las cinco, la enfermera salía del control con una bandeja llena de vasitos de plástico que iba repartiendo con la dosis de píldoras convenida para casa anciano.
Casi al mismo tiempo, puntual según la hora reglamentada de visitas, el timbre resonaba por toda la residencia y algún familiar gesticulaba desde la fría calle intentando llamar la atención de la monja medio sorda que atendía la entrada. Ese día había más gente que de costumbre. La hija de la señora Antonia y los dos nietos del señor Pablo, que salían a esa hora del colegio, eran ya habituales, pero un hombre de mediana edad visitaba por primera vez la residencia. Su voz sonó segura:
- Vengo a ver a Adela Zorra.
La monja, sin preocuparse por oir quién era el objeto de su visita, se limitó a decir:
- Sólo se admiten visitas de familiares.
- Soy su hijo.
El novel visitante fue conducido a una gran sala común donde la monja lo dejó para volver a su puesto de la entrada.
La señora Adela, catedrática jubilada de Farmacología, estaba de espaldas y cantaba en alto. Alguien la había colocado en su silla de ruedas cerca de la ventana, y probablemente estaría mirando la lluvia mientras se calentaba con su infusión humeante en un vaso de cristal.
- "Carbón de leña, carbón de encina..."
- He acabado la carrera. - la voz sonó a sentencia.
La canción se ahogó y se precipitó al vacío envuelta en infusión y trozos de cristal.
La señora Adela, se incorporó de un salto en el colchón de su cama. Dudó por un momento si llamar a la enfermera. Esos sueños no eran buenos para su corazón...
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