Repasó la hilada leyendo con las yemas de los dedos cada botonadura y después cada ojal. Era un trabajo tan fino que un movimiento en falso al manipularlo, al vestir o al desvestir, destruiría muchos meses de trabajo. Era simple, como había ordenado la soberana. No permitiría que su futura nuera rivalizara con ella en belleza. Pero el sastre real era terco y cedería a cualquiera su puesto si se le obligase a prescindir del gusto. "La reina es necia" -pensaba-, "pues no sabe que la elegancia es el aroma de lo simple."
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Repasó la hilada leyendo con las yemas de los dedos cada botonadura y después cada ojal. Era un trabajo tan fino que un movimiento en falso al manipularlo, al vestir o al desvestir, destruiría muchos meses de trabajo. Era simple, como había ordenado la soberana. No permitiría que su futura nuera rivalizara con ella en belleza. Pero el sastre real era terco y cedería a cualquiera su puesto si se le obligase a prescindir del gusto. "La reina es necia" -pensaba-, "pues no sabe que la elegancia es el aroma de lo simple."
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