Avicena seguía dudando, con el bistrurí en la mano y el sudor cayendo, gota a gota, de su sabia frente.
El tumor era enorme. Si no lo extirpaba moriría pronto, pero si lo hacía era casi imposible que saliera de la operación. Y conocía su suerte en ese caso. Sabía que iba a intentarlo a riesgo de perder su vida. La pregunta era qué hacer después.
La respuesta fue un largo viaje, con el bisturí de Alá en el aire y el tiempo cayendo, gota a gota, de su sabia frente...
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Avicena seguía dudando, con el bistrurí en la mano y el sudor cayendo, gota a gota, de su sabia frente.
El tumor era enorme. Si no lo extirpaba moriría pronto, pero si lo hacía era casi imposible que saliera de la operación. Y conocía su suerte en ese caso.
Sabía que iba a intentarlo a riesgo de perder su vida. La pregunta era qué hacer después.
La respuesta fue un largo viaje, con el bisturí de Alá en el aire y el tiempo cayendo, gota a gota, de su sabia frente...
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