"Sisisisí" - respondió en la centésima de segundo en que una persona cualquiera hubiera respondido simplemente "sí". Colgó el auricular y se levantó decidida. Al momento volvía del despacho de su superior con el original en la mano, caliente aún de la impresora. "¡FLUM!" El portazo de rigor. No solía prestar demasiada antención a las puertas. Y menos en ese instante. Toda su concentración se centraba en no añadir ni un segundo más al retraso que ella había provocado por descuido. Se ajustó las gafas con su dedo índice y se dispuso a enviar el fax. Casi al mismo tiempo que entraba, el A4 iba saliendo en forma de tiras uniformes por la parte trasera mientras -indefectiblemente- se precipitaba al contenedor de papel y cartón.
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"Sisisisí" - respondió en la centésima de segundo en que una persona cualquiera hubiera respondido simplemente "sí".
Colgó el auricular y se levantó decidida. Al momento volvía del despacho de su superior con el original en la mano, caliente aún de la impresora.
"¡FLUM!"
El portazo de rigor. No solía prestar demasiada antención a las puertas. Y menos en ese instante. Toda su concentración se centraba en no añadir ni un segundo más al retraso que ella había provocado por descuido. Se ajustó las gafas con su dedo índice y se dispuso a enviar el fax.
Casi al mismo tiempo que entraba, el A4 iba saliendo en forma de tiras uniformes por la parte trasera mientras -indefectiblemente- se precipitaba al contenedor de papel y cartón.
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