En la celda contigua
¡Hola!
Como parece que últimamente este blog va dando tumbos entre la perdición más absoluta y la piedad más religiosa, aquí va un relato más en el término medio, sobre cosas que pasan en la celda contigua de un convento. Félixon, te propongo un reto muy típico para que no te quejes :-): una historia romántica.
¡Besos!
1 comentario:
La hermana Cándida se despertó sobresaltada. Estaba segura de haberlo oído. En la celda de al lado, era imposible, pero el sonido era inconfundible: las rejas de la ventana habían caído con estruendo al patio del convento. Encerrada en su celda, apenas se atrevía a asomar media nariz, los ojos, bien abiertos, y las últimas falanges de los dedos fuera de la manta. Sin tiempo para pensar, oyó los pasos inequívocos de quien se aproxima, corriendo, a la ventana, y al llegar, de un fuerte salto, hace pasar su cuerpo por el hueco donde antes hubo rejas. Horrorizada, la hermana Cándida saltó de su cama y corrió hacia la ventana, para ver, sobre el suelo del patio del convento… que allí no había nada.
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