"El calor apretaba, a pesar de que apenas asomaba el sol por el horizonte. No era menos acuciante el hambre, después de la ligera cena del día anterior y del camino, siempre más largo de lo esperado, hasta encontrar el desayuno. Pero ya estaba allí el momento de satisfacer ambas necesidades: la botella blanca, con alegres dibujos y letras que no le eran ya del todo extrañas; y en su interior un sabroso, dulce y fresco yogur líquido... No pudo reprimirse, en el primer trago ya no quedaba más que la mitad. Ese yogur extranjero, fresco, dulce, sabroso y con un suave toque picante. ¿¿Picante?? Resonó como un trueno esa pregunta en cada una de las visitas que durante ese día realizó, con dignidad decreciente, a cada retrete de la ciudad."
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"El calor apretaba, a pesar de que apenas asomaba el sol por el horizonte. No era menos acuciante el hambre, después de la ligera cena del día anterior y del camino, siempre más largo de lo esperado, hasta encontrar el desayuno. Pero ya estaba allí el momento de satisfacer ambas necesidades: la botella blanca, con alegres dibujos y letras que no le eran ya del todo extrañas; y en su interior un sabroso, dulce y fresco yogur líquido... No pudo reprimirse, en el primer trago ya no quedaba más que la mitad. Ese yogur extranjero, fresco, dulce, sabroso y con un suave toque picante. ¿¿Picante?? Resonó como un trueno esa pregunta en cada una de las visitas que durante ese día realizó, con dignidad decreciente, a cada retrete de la ciudad."
Diego
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