Las rodilleras
Hola...
Aquí respondo al reto de Marta, que decía algo así como "Y en ese momento arrojó las rodilleras por la ventana". Yo lo he tomado un poco como frase final, aunque no escrita, espero que no te importe.
Y a ti te propongo una historia que ocurra en África.
Besos...
1 comentario:
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Siendo un bebé, no había barbudo que le colara un beso. A los tres años, cazó en el aire la copa que se le escurrió a su madre de las manos. Con cinco, ya tenía claro qué puesto le gustaba cuando jugaba con su padre al hockey sobre el lago helado. Su entrada en el equipo del colegio, a los ocho años, hizo que pasaran de ser unos segundones a ganar el campeonato, siendo con diferencia el equipo menos batido. La carrera de éxitos continuó, ganando seis años seguidos los campeonatos escolares. Y hoy, por fin, llegaba el gran día. Con quince años, batiendo registros de precocidad, tenía la prueba para acceder a la selección nacional juvenil. Era el mejor candidato, y lo sabía. Sólo había sentido un atisbo de nervios al tener que compartir vestuario con chavales que le sacaban tres o cuatro años. Pero no porque fuesen mejores porteros que él, sabía que ninguno lo era.
Ahora miraba sus rodilleras. Parecía querer decirles algo, aunque no le salían palabras. Las sujetaba entre las manos, dejando entre ellas apenas unos centímetros de separación. Y no dejaba de visualizar, en su mente, el disco que se desliza, suave, lento, sobre el hielo, que llega hacia él, y que pasa, más suave, más lento, por entre sus piernas, alcanzando inexorablemente la línea de gol…
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